Episodio I: Han Solo y la trampa del paraíso

Antes de que el nombre de Han Solo se convirtiera en una leyenda entre los

contrabandistas, y de que la Nueva República recompensara su decisiva aportación a

la lucha contra el Imperio nombrándolo general y haciendo que su rostro, junto con el

de su esposa la princesa Leia Organa, fuera conocido en toda la galaxia como símbolo

de la libertad y la justicia, hubo un tiempo lejano y oscuro en el que sólo existía un

niño hambriento y aterido de frío, que intentaba sobrevivir mendigando en las

inhóspitas calles de su Corellia natal.

Como no le quedaba otra salida, el pequeño Han aceptó con agradecido

entusiasmo la mano que le tendía el capitán Garrís Alcaudón, líder de la banda de

delincuentes que vivían a bordo del Suerte del Comerciante. Garrís le ofrecía cobijo,

protección y una nueva vida, y Han necesitaba todo eso.

Pero la cruel realidad no tarda en imponerse: Garrís es un explotador

implacable que usa a los niños que recoge en las calles para obtener dinero con la

mendicidad, y únicamente la astucia y los recursos innatos del pequeño Han le

permiten sobrevivir a su despiadada tiranía.

Decidido a convertir sus sueños en realidad, consigue escapar de la nave y

huye al planeta Ylesia para convertirse en piloto de los sacerdotes ylesianos, que han

publicado un anuncio ofreciendo un sueldo muy apetecible. Si gana los créditos sufi-

cientes, el joven Han Solo podrá superar los exámenes de ingreso en la Academia

Imperial y, con el tiempo, llegar a ser un oficial y un caballero.

Ylesia promete el paraíso a los incautos peregrinos que acuden allí, pero en

realidad sólo oculta la temible trampa de una forma de control mental que los

convierte en trabajadores esclavizados. Para Han, Ylesia supondrá su primer contacto

con el verdadero amor, pero también con la extraordinaria capacidad para la injusticia

y la maldad con la que algunas razas inteligentes parecen decididas a convertir en un

infierno toda la galaxia…

Recuerdo que la primera vez que vi a Luke entrando en la cantina de Chalmun en Mos Eisley los ojos se me salieron de las órbitas.  Ante nosotros, de pronto, se mostraba todo un elenco de algunos de los seres que poblaban una nueva galaxia llena de posibilidades -como diría el viejo Ben Kenobi-

Música pegadiza por aquí, un barman por allá, mucho humo, una barra en el centro y seres cuya moral estaba lejos de rozar la legalidad. En definitiva, tenía todo lo que un niño imaginaba que sería un antro galáctico en un planeta desértico. Y entre todos ellos él, el tipo con cara de vacilón y chulesco sentado a una mesa y con la actitud de estar perdonándonos la vida con una sonrisa. Este tipo era Sólo, Han Solo. El hombre que seríamos de mayor. O eso pensábamos.

Seguir leyendo en La Fosa del Rancor. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: